Autoplenitud saber quien eres

Aceptar no es rendirse: es dejar de fingir que controlas

Lonia Quetglaz

Autora: Lònia Quetglas

A veces crees que aceptar es rendirte, bajar los brazos, dejar que la vida te pase por encima. Pero aceptar no es eso. Aceptar es dejar de luchar contra lo que ya está ocurriendo. No es pasividad. Es lucidez.

Piensa en algo que no salió como querías. Tal vez una relación, un proyecto o una conversación que terminó mal. Miras atrás y piensas: “si hubiera hecho esto o aquello…”. Pero lo cierto es que no podrías haber hecho otra cosa, porque en ese momento no estabas viendo más de lo que viste. Y la vida no se equivoca cuando te muestra tus propios límites.

Aceptar no significa estar de acuerdo con todo, sino ver sin pelear. Ver que
incluso la resistencia forma parte de lo que está ocurriendo.

El control es una ilusión educada: te hace creer que si piensas lo suficiente, sentirás menos. Pero el Pensamiento no puede detener la marea. El intento de
control es lo que más cansa, lo que más duele. Y lo paradójico es que solo cuando sueltas el control, algo más grande —llámalo conciencia, vida, o simplemente
claridad— puede moverse por ti.

A veces aceptar se siente como una pequeña muerte. Dejas de defender tu historia, tu versión, tu “yo”. Y de pronto, la situación que parecía insoportable se
vuelve ligera. Nada cambia afuera, pero ya no hay lucha dentro.

Aceptar no es rendirte. Es reconocer que la vida ya estaba ganando desde el principio

 


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